lunes, 19 de diciembre de 2011

Acojamos la salvación


Estamos a las puertas de la Navidad. Esta cuarta semana de Adviento nos llevará hasta la Noche Buena y la gran celebración del nacimiento de Jesús. 

Los invito a que, en estos días previos a la Navidad, meditemos sobre el acontecimiento que vamos a celebrar: Dios mismo se hace hombre para compartir con nosotros las vicisitudes de este mundo, pero sobre todo  para vencer en nuestra propia naturaleza humana el pecado y la muerte. Volvamos a las fuentes de nuestra salvación. Acojamos con fe y esperanza a Jesús, que viene a reconciliarnos con Dios, con el prójimo, con nosotros mismos y con la creación.

 Desde hace un tiempo el mundo está pasando por diversos conflictos sociales.  Grupos con distintos intereses se enfrentan  entre sí. Algunos se aprovechan de las circunstancias para generar más división  y violencia. Vemos mucho sufrimiento alrededor nuestro. ¿A qué se debe todo esto? 

Por un lado, es cierto que se está pasando por un período de crecimiento económico;  pero también es cierto que ese crecimiento económico tiene un déficit que no llega a superar porque le falta algo muy importante. Nos estamos olvidando que el hombre no es solo materia. Estamos dejando de lado uno de los aspectos fundamentales de la vida del hombre, sin el cual no hay un verdadero desarrollo humano. Me refiero a nuestro componente espiritual, nuestra propia  llamada a participar en la santidad de Dios, para lo cual hemos sido creados. 

El beato Juan Pablo II nos alertó sobre esto hace algunas décadas y nuestro actual Papa, Benedicto XVI, ha insistido también en advertirnos que hay una “cultura de la muerte” que se va extendiendo en el mundo y se va infiltrando incluso en países que, como el nuestro, tienen una tradición católica.

Por eso, los animo a que en esta Navidad  tomemos conciencia de ese peligro y no dejemos que la “cultura de la muerte” invada nuestros hogares, nuestros barrios y destruya a  nuestras familias, a nuestros niños y jóvenes. Ante las asechanzas del mal, defendamos la Cultura de la Vida, vivamos de verdad nuestra fe católica. No nos dejemos enceguecer por la idolatría de lo material. Recordemos que si sólo sembramos en la carne, cosecharemos corrupción; pero si sembramos en el espíritu, cosecharemos vida eterna. 

Jesús viene a salvarnos, no viene a condenarnos. Acojamos la salvación que Él nos ofrece en esta Navidad. Abramos de par en par las puertas de nuestro corazón a Cristo, que es el único camino que, en verdad, conduce a la felicidad.  

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