martes, 15 de enero de 2013

He salido a dar un paseo. Y cuánto frío hace. Es tarde, y yo estúpido. El titilar de las estrellas me da conversación, para que el candente sonido de mis pasos no eche de menos otros con quienes acompasarse. En serio, tengo frío. Mi respiración entrecortada grita más que mis propios pensamientos, haciéndolos inaudibles. Y que frío. Las manos apretadas, aferradas a sí mismas, dando muestra de cuál afiladas son sus uñas, que ostentosas prueban su fiera valía sobre la carne de mis palmas, ajenas al dolor, más pendientes de los temblores que las sacuden. Cuánto frío. Detente.

Una orden involuntaria somete sin miramientos a mi voluntad. Al parecer, no soy el único desquiciado que busca desesperadamente la compañía que ofrece la luna. Sonrío. Ya sabía yo que la oscuridad no alberga maldad alguna. Miradlo si no, dueño de sí, deambulando en busca de sabe Dios qué. A lo mejor ella también tiene frío. Mucho frío. Voy a acercarme. Le arranca esa expectante farola tales destellos, que cuál bonito es.

Voy a acariciarle, sh. No me prevengais. Sé lo que hago.
Yo estoy acostumbrado a caminar con lobo(s).
Amor mío.

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