martes, 21 de mayo de 2013

A la que es demasiado alegre


Tu cabeza, tu aire, tu gesto
son bellos como un paisaje;
tu risa juega en tus mejillas
como la brisa con el celaje.

Tu paso lento, desganado,
se neutraliza con la salud
de tus brazos y de tu espalda
que van cantando juventud.

Salpicas todos tus vestidos
con tan llamativos colores,
que el espíritu de los poetas
ve en ti un gran ballet de flores.

Tus ropas son como el emblema
de tu corazón alocado;
loca que me haces enloquecer,
por eso mismo yo te he amado.

Alguna vez en un jardín
donde arrastraba mi atonía,
al sol desgarrar mi pecho
he sentido como una ironía.

Y el verdor que exalta la luz
me humillaba de tal manera,
que en una flor he castigado
la insolencia de la primavera.

Así, yo quisiera una noche
a la hora de la voluptuosidad,
ir al tesoro de tu persona,
como un cobarde, en la oscuridad.

Y castigar tu carne loca,
y morder tu garganta redonda,
y en tu flanco maravilloso
hacer una herida larga y honda.

Y, ¡oh voluptuosa dulzura!
a través de esa boca ufana
de su frescura y su belleza,
filtrarte mi veneno, hermana.

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