jueves, 2 de mayo de 2013

Sensibilidad.


La noche trae consigo
tu esencia en su oscuridad;
no sé si es tanta mi soledad,
o tanto desborde de anhelos
que me llevan a un umbral,
al umbral de creer que yo,
pueda ahí estar contigo.

No sé si estoy despierto;
no sé si estoy soñando;
quizás estoy entre ambos,
quizás estoy justo en la línea
de lo absurdo o lo imaginario.

Nadie se va sin dejar una huella,
la indeleble huella de su esencia;
aroma omnipresente e insistente
que suprime a la propia ausencia
con una presencia que sobrevive
a la muerte. Esa eres tú, en esencia.

La noche trae consigo,
tu esencia en su oscuridad;
trae consigo desde otra realidad,
que algo de nosotros permanece vivo,
que algo de nosotros más allá de lo físico,
no es intrascendental, insustancial o efímero.

Quizás tú, no puedas verme;
quizás yo, no pueda verte;
pero ambos sentimos
que aún existimos
en una trastocada
realidad de dos
dimensiones
diferentes.

La noche nos lleva consigo
hacia un lugar más allá
de esta vana realidad,
donde somos empatía,
donde somos sensibilidad.

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