jueves, 30 de mayo de 2013

Un instante detente y permíteme contemplar tu rostro.
Mírame un momento; tal vez descubra en tus ojos
los misterios de tu corazón y en tus rasgos, los enigmas de tu alma.

Un instante detente, ¡oh hada! Estoy fatigado de andar y mi
alma recela de los peligros del camino. Detente. Ya llegamos a
la encrucijada donde la vida y la muerte se encuentran.

Y no daré un paso más, hasta que mi alma descubra las intenciones
de tu alma y mi corazón perciba los secretos de tu corazón.

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