sábado, 24 de mayo de 2014

Crecen casi sin advertirlo
a través del amor.
Pero de pronto
ya grandes,
caen bajo el control de las multitudes
que van y vienen sin sentido.
Desdibujados entre el día y la noche
y sus corazones atrapados como pájaros.
El pulso de la humanidad
comienza con ellos a latir.
En la orilla de un río
un árbol levanta sus brazos
a la luz de la luna
mientras la tierra
apenas se atreve a respirar.
Ese es el momento
en que los corazones de los niños
salen del agua.
¿Cómo serán mañana cuando echen a andar?

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