viernes, 23 de enero de 2015

Llamamos TEMOR a la sensación que experimentamos ante una amenaza o peligro. En ocasiones los peligros desconocidos inspiran los mayores temores. Ojo con los temores que no tienen un fundamento real. Habitualmente tendremos que enfrentarnos a temores al fracaso, al desamor, a la enfermedad, a perder lo que poseemos, etc.

El temor nubla la razón y puede llegar a “bloquearnos”, a no encontrar salida, a paralizarnos. El temor es fuente de emociones negativas. Es necesario para crecer como personas encarar los temores, para “desbloquearse”: comprender sus causas, valorar si necesitamos ayuda, pidiendo consejo a alguien que nos aprecia, etc. Decía Marie Curie: “nada en la vida debe ser temido, sólo debe ser entendido”.

Miedo al futuro

El hombre de hoy se aferra tan firmemente al presente, acaso porque no soporta contemplar el futuro ni mirarle a los ojos. El mero hecho de pensar en él le produce pesadillas. Digámoslo de nuevo: ya no tenemos miedo de que el sol pueda ser vencido por las tinieblas y no salga nunca más. Sin embargo, tememos a la oscuridad que procede del hombre.

Audacia

Frente al temor está la AUDACIA, que lleva a superar los obstáculos, y que es confianza en sí mismo, valor, atrevimiento, etc. Es el sentimiento que ayuda a la actuación ante un reto y que nos estimula a tomar decisiones. La audacia supone estar dispuesto a correr riesgos y acertar en las acciones.

La audacia , como todas las pasiones, ha de ser moderada por la razón, en eso consiste la virtud de la fortaleza. La virtud es el equilibrio, el punto medio entre la cobardía y la temeridad. Debemos temer lo que se debe temer, cuando se debe y con la intensidad que se debe.

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